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miércoles, 7 de septiembre de 2011

¿POR QUÉ CARAJOS TUVE QUE JUGAR ESE PARTIDO?

Cuando la tragedia se repitió, el 17 de junio del 2002, él ya no estaba vivo para sufrirla. Había muerto unos pocos meses antes, en su casa de Monterrey, tranquilo, aunque con el alma todavía herida por aquel partido jugado casi setenta años atrás. En ese entonces apenas tenía 23 años, pero ya llevaba un largo camino recorrido en el fútbol. Había salido de su pueblo -Atotonilco El Alto- muy niño, para patear el balón en los campos de “El Paradero”, y aprender los secretos del balompié de leyendas como Juan José “Lico Cortina” y los hermanos Fernández del Valle.
Allí se había hecho portero, siguiendo los consejos de Roberto Michel “El Cabecita de Oro“, y apenas estaba jugando sus primeros partidos con el cuadro titular, cuando, por motivos de trabajo, la familia tuvo que mudarse a la capital. No obstante, el amor por el balompié no lo había abandonado y por esas fechas, siguiendo la recomendación de un amigo fue a probarse con el América, equipo que acababa de vivir una época gloriosa, pero que, necesitaba de sangre nueva con que renovar sus filas, pues los viejos ídolos: Nacho de la Garza, Record, Carlos Garcés, Ernesto Sota y demás, ya habían visto pasar sus mejores años.
¿Por qué carajos tuve que jugar ese partido?.- se preguntaba una y otra vez, pero no tenía otra respuesta que el mismo destino era el que le había hecho que lo jugara.
Había vivido grandes momentos con el conjunto crema, y de ser portero de las reservas, pronto, cómo un fulgurante cometa, alcanzó la titularidad del equipo que jugaba en la Liga Mayor, junto a otras escuadras tan poderosas como el España, el Atlante, el Marte y el Necaxa. Entonces sí, aplausos, vítores, gritos. ¡Era todo un ídolo!
Pero en un encuentro amistoso contra el recio equipo uruguayo Bellavista -que contaba con varios campeones mundiales del 30 como: Ballesteros, “El Manco” Castro y “El Negro” Andrade -, recibió una patada tan fuerte que su cráneo se rompió:
- Yo no estaba bien, casi no jugaba en el América - ¿A quién se le ocurrió llamarme a la selección?
A Rafael Garza Gutiérrez, el famoso “Récord”, que entonces era entrenador de la selección y que era gran amigo suyo.
- Ay Record, menudo favorcito que me fuiste a hacer.
Había pasado varios días en el hospital, muy grave, tanto así, que tuvieron que colocarle una placa de titanio en la parte de la cabeza herida. Los propios figurones uruguayos lo fueron a visitar, arrepentidos del estado en que habían dejado con su juego rudo a aquel escuálido muchacho tan valiente como el que más.
- ¿Por qué carajos tuve que jugar ese partido? -se repetía una y otra vez- El titular era Riestra, estaba en su mejor momento, era buenísimo, paraba todo lo que llegaba al arco del Asturias.
Pero llegado el momento crucial dijo Récord:
- Rafa, tu vas a la portería. Todos se quedaron fríos, especialmente Alfonso Riestra, quien sabía que era su momento, no el mío.
Pero no había vuelta atrás. Él jugaría el partido decisivo. Así, salió al campo, acompañado de los otros diez valientes que tenían la obligación de llevar a México al triunfo. Las piernas y los brazos comenzaron a temblarle, y lo hicieron aún más cuando en la tribuna del estadio descubrió a Il Ducce, Benito Mussolini y a su hija, la Princesa Mafalda, que aguardaban conocer quien sería el último invitado al mundial: México o Estados Unidos.
Terminó la ceremonia de los himnos y el partido comenzó. Apenas habían pasado algunos minutos cuando cayó el primer gol de los gringos. México empató con gol de Manuel Alonso, pero inmediatamente después echaron del campo a Azpiri y, entonces, la noche se le vino encima al equipo azteca. Donelli era una fiera, se metía por derecha, por izquierda, sin que los defensas ni él pudieran hacer nada por detenerlo.
A final de cuentas “La Tragedia de Roma” se consumó: Estados Unidos 4, México 2; y Rafael Navarro Corona se convirtió en el gran villano de esta historia.

(Cuento inspirado en las vivencias que Rafael Navarro Corona cuenta en su libro “Recuerdos de un Futbolista“.)

1 comentario:

  1. Un entrenador que quiere inventar el hilo negro; historia familiar en el fútbol mexicano.

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